domingo, 5 de febrero de 2012

La percepción y el otro

Siguiendo con este camino de análisis de lo perceptual en el producto, vamos a repasar un tema importante en la construcción de la subjetivación: el otro.

Es creciente la participación del consumidor en la generación del propio espectáculo. Las herramientas on-line, redes sociales, etc han permitido que el anterior espectador pasivo, se transforme en emisor también. Estamos en una sociedad que se mira permanentemente y en forma creciente. “Yo soy yo en función de lo que el otro percibe”. Como un gran espejo que refleja a todos y cada uno de los que la integran. La satisfacción de las propias necesidades se transformó también en terreno de exhibición. No solo el hombre busca satisfacerlas, sino que para que se afirme esa satisfacción necesita que los demás se enteren que las ha satisfecho. 

Esta sociedad fetiche hace que los elementos externos sean imprescindibles a la hora de elegir un satsfactor.
Para alcanzar el éxito, el marketing debe hacerles saber no solo a sus consumidores sus atributos reales y perceptuales, sino que lo sepa la sociedad en su conjunto. E incluso aquellos que sugieren otra información, como el precio, que demuestra la capacidad de compra del consumidor que es un indicador de éxito, como los puntos de venta que demuestran una integración y pertenencia social, etc. Y el consumidor está dispuesto a pagar por ese “servicio”. Muchas marcas han desarrollado productos que solo se venden en determinada locación, y por ello cobra un precio adicional.  U otros que se adquieren solamente por pertenencia a determinada comunidad o grupo. 

jueves, 2 de febrero de 2012

Un ejemplo redondo

Las empresas multinacionales necesitan globalizar sus productos perceptuales. Para ello trabajan con elementos de la cultura global.
He aquí un nuevo tema: ¿utilizar la cultura global o globalizar la cultura?
El nuevo planteo que nos surge es el equilibrio entre
las identidades globales y las identidades locales.

De los ’70 a esta parte, los torneos de fútbol de España, Italia e Inglaterra han ido creciendo en prestigio, calidad y nombres. Los precios que se pagan por las transferencias de jugadores siguen en una espiral de crecimiento hasta ahora no detenida, financiada por la televisación de los partidos (y en muchos casos, por las deudas con el fisco). Las necesidades de financiación creciente lleva a que las empresas que compran sus derechos necesiten ampliar mercados para poder pagar lo que se les pide. A cada vez menor edad, los jugadores de países pobres son trasferidos a equipos europeos, enriqueciendo esas ligas, pero a la vez empobreciendo las ligas locales. Esto contribuye a aumentar la cantidad de televidentes de fútbol europeo. Los más destacados se transforman en ídolos mundiales, es decir, globales. Hoy Messi es conocido hasta en remotas aldeas chinas. Sin embargo nunca jugó en primera división en el fútbol argentino.



La figura de Messi tiene significantes (nos remitimos a los conceptos de la lingüística y la semiología). El más importante es sin dudas el éxito, al que definimos en este capítulo como la síntesis externa de la satisfacción del mayor porcentaje de necesidades. Y Messi es la imagen de una conocida marca de zapatillas. Con una figura de fama mundial y una única campaña vinculada a una única marca, consiguieron llegar a todo el mundo con satisfactores de atributos funcionales de producto (abrigo, comodidad y seguridad para caminar o correr) y todos los emocionales vinculados al éxito. Para certificar esos atributos, se amplifica su situación económica: es “noticia” por los millones de euros que gana. Esos millones le permiten asegurar su subsistencia hacia el futuro. Pero en una sociedad que se presume que tiene como máximo objetivo la acumulación de las riquezas, todo tiene precio. Por lo que se desliza también que puede comprar todo. Y todo es la totalidad de los satisfactores que sean necesarios para cubrir la totalidad de sus necesidades, aún cuando esos satisfactores sean diferentes en distintos lugares del mundo.  Tomando a Baumann, cuando alguien compra “las zapatillas de Messi”, está comprando no solo el calzado, sino una parte de su éxito a través de prestaciones intangibles como las descriptas. En términos de Baudrillard, la representación toma el lugar de aquello que está representando. Al menos hasta que Lionel se quite las zapatillas y se ponga otras.
La materia prima con la que se contruye el satisfactor perceptual está en el propio consumidor.  Por ende, las fábricas se trasladan cerca de las materias primas: no están ya en oriente o en latinoamérica, sino en la mente del consumidor.

jueves, 26 de enero de 2012

De la Sociedad de Productores a la Sociedad de Consumidores

De a poco vamos a ir entrando en temas vinculados con las definiciones de productos funcionales y productos perceptuales. Con tiempo iremos publicando algunos artículos al respecto. En esta primera entrega, hacemos una mínima historia, tomando elementos de Zygmunt Baumann y de Manfred Max-Neef.


La primera mitad del siglo XX la podemos denominar, siguiendo a Baumann “etapa del producto”. Se caracterizó por los sistemas de producción en serie. El fordismo se desplazaba a todas las áreas de la producción. En los países desarrollados, la población se integraba como mano de obra en las fábricas o en los ejércitos. Grandes masas de gente desarrollando tanto la producción como la guerra. La expansión colonialista buscaba apropiarse de materias primas que se transformarían en las grandes urbes en productos de valor agregado. Aquellos que, por razones genéticas, accidentales o por las propias guerras quedaban discapacitados para la producción, eran marginados de la sociedad. Y los que se automarginaban de la producción sufrían castigos similares a los desertores de los ejércitos. La producción en serie generaba bienes iguales, que competían en atributos propios de la funcionalidad del producto: durabilidad, confiabilidad, prestaciones. La diferenciación se daba en estos aspectos.

En la segunda mitad del siglo XX, que denominaremos “etapa de transición producto-mercado”, la creciente cantidad de bienes producidos llevó a que los analistas migraran su foco de la producción al mercado. Y se asumió la necesidad de incrementar la rotación de productos para satisfacer las necesidades de colocación. Luego de la segunda guerra mundial comenzó a generarse una caída más o menos consensuada de los regímenes coloniales. Sin embargo no se produjeron rupturas totales entre los otrora dominadores y los nuevos independientes, sino que por el contrario, se mantuvieron las relaciones comerciales. Las colonias asumieron una nueva forma como mercados.

La irrupción del neoliberalismo en los ’70 apalancando la producción en el capital necesitó de mayor velocidad de rotación. Tanto en la producción de bienes como en las propias herramientas y maquinarias para la fabricación de esos bienes. El marketing como técnica conjugó para la economía herramientas de disciplinas y ciencias tales como la semiología, la psicología, la matemática, la computación, la lingüística, la sociología, etc. Le brindó un nuevo espectro de posibilidades de desarrollo de mercados y lo que fue más importante: la generación de valor agregado intangible, es decir, dotar al producto de ciertos atributos perceptuales que aporten a la constitución del precio.
La revolución del marketing tiene que ver con la resignificación de los elementos satisfactores de las necesidades. Cuando a comienzos de siglo un zapato cubría una necesidad de nivel básico, proveyendo abrigo y seguridad para caminar, en nuestra época, la marca y el modelo de ese calzado prometen también identidad, pertenencia, proyección, afecto, autoestima, respeto, admiración, audacia y también un atributo que está por fuera de todos los escalones, que es el éxito. El éxito es la síntesis que conjuga y muestra al mundo que aquel que lo posee alcanzó la satisfacción de un alto porcentaje de las necesidades de todos los niveles. Como sostiene Baumann, el consumidor adopta estos atributos perceptuales no ya para el producto que acaba de comprar sino para su propia persona.


Es decir, el producto se presenta como satisfactor de necesidades de los niveles superiores de la pirámide de Maslow y además se muestra como subsidiario en la satisfacción de muchas de las necesidades de varios cuadrantes de Max-Neef. Si el precio por brindar abrigo y protección para el pie a la hora de caminar podría fijarse en $X, los demás atributos que satisface el mismo producto a partir del marketing multiplica por mucho ese precio. Dicho en números, si una zapatilla tiene un costo FOB en el país de oriente en el que se produce de U$3,50 (de los cuales solo U$0,10 va para el trabajador), el consumidor paga U$140 por el producto. Si asumimos generosamente que los gastos de flete, impuestos y de marketing (el posicionamiento no es gratis) elevan el costo a U$30.-, estamos hablando de que el valor que le agrega la percepción generada desde el marketing implica un precio de U$100, es decir, un 1.000% de mayor rentabilidad. Es lógico que el director de Marketing de esa compañía gane mucho más que el de producción, visto los resultados económicos que genera su dirección. Y también es posible que, como el producto en sí mismo tiene un valor mínimo en relación con la cosecha de rentabilidad,  la producción no necesita el mismo tipo de monitoreo de antaño y se puede desplazar a aquellos países que ofrezcan las condiciones más favorables para la concreción del objetivo de la empresa: la maximización de la rentabilidad. Y serán entonces los estados que tengan el “mejor clima de inversión” los que reciban a estas fábricas y les provean de mano de obra barata, leyes laborales poco exigentes, controles públicos livianos, beneficios impositivos, previsibilidad en el tiempo y otras herramientas de “seguridad jurídica” que terminen de convencer a la empresa de la conveniencia de su radicación.
Volviendo al capítulo anterior, la masa monetaria superó la capacidad de generar bienes, por lo que se hizo necesario intangibilizar los satisfactores de necesidades para permitir que esa masa monetaria fluya por nuevos beneficios de valor agregado cuya materia prima ya no está en la naturaleza sino dentro mismo de cada consumidor. La tarea del marketing es extraer del consumidor esa materia prima y volver a vendérsela a un precio justo: el máximo posible según los dogmas neoliberales.
Siendo que ya no se trata de vender productos que satisfagan necesidades funcionales sino de generar percepciones que lo hagan de modo más completo sobre necesidades perceptuales, el marketing necesitará incentivar esos atributos perceptuales para que el consumidor corra a buscar satisfactores. Y la necesidad de rotación del capital, también creciente hará que los nuevos satisfactores cumplan con su cometido pero cada vez por menos tiempo porque aparecerán otros que prometan cumplirlo mejor. Tener un satisfactor viejo genera insatisfacción, e incentiva necesidades como equilibrio, seguridad, previsibilidad, disminuye la autoestima, amenaza con marginar de los grupos de pertenencia, etc. Hasta que compramos el nuevo satisfactor que nos hará sentirnos exitosos. Al menos por un tiempo, hasta que aparezca otro nuevo.
Si asumimos la proposición de Max-Neef  respecto de que las necesidades son permanentes, lo que cambia con las épocas y las culturas son los satisfactores, podríamos pensar que las mismas zapatillas no podrían satisfacer consumidores de diferentes lugares del mundo. Y esto es en parte real. Para subsanarlo, la globalización de la información desarrolla una tarea de homogeneización cultural en la que, si bien por el momento se admiten algunas diferencias locales, se avanza en “consensos” mínimos que permitan ir “ganando mercados”, es decir, utilizando idénticos satisfactores para satisfacer mismas necesidades. 

lunes, 9 de enero de 2012

jueves, 5 de enero de 2012

Perspectivas para el 2012

Se mantienen altas las expectativas

Un informe realizado por TNS Gallup sobre 1010 entrevistas, destaca que la mitad de los argentinos piensa que 2012 será un año mejor que 2011. Mientras que 3 de cada 10 creen que va a ser igual al año que pasó, un poco menos de 2 de cada 10 que será peor. Los resultados actuales son similares a los de la medición de un año atrás.
En materia económica, 4 de cada 10 entrevistados consideran que la evolución de la economía del país durante el próximo año se mantendrá igual, 3 de cada 10 esperan una mejoría económica mientras que 2 de cada 10 anticipan problemas económicos.
En cuanto a las opiniones respecto de la evolución del desempleo en 2012, 4 de cada 10 piensan que se mantendrá igual al 2011, un cuarto de los encuestados cree que el desempleo aumentará y un guarismo similar que disminuirá.
En materia internacional, 5 de cada 10 entrevistados señalan que durante el 2012 se mantendrá el mismo nivel de conflictividad del último año, 2 de cada 10 pronostican un año con muchas disputas internacionales y 2 de cada 10 piensan que 2012 será un año más pacífico y libre de conflictos entre países.  



Más información en www.tns-gallup.com.ar