lunes, 13 de junio de 2011

#2 El comienzo

 El comienzo de un proyecto

El escritor suele tener un momento de incertidumbre cuando se enfrenta con la hoja en blanco. Lo mismo pasa con el que decide emprender su propio negocio. Suele tener un sueño, una idea, una visión. A propósito: la misión de nuestra empresa es la visión llevada al terreno de lo realizable.
Pero en nuestro barrio y con nuestros recursos, vamos a pensar algunos pasos recomendables para arrancar con nuestro negocio o para revisar cómo venimos desarrollándolo si es que ya estamos en marcha.

Lo primero es lo primero

En primer lugar, debo definir cuál es la categoría en la que están mis productos. Puede parecer una obviedad: el “qué” es una de las bases sobre la que se construye la personalidad y una mala observación nos puede provocar más de un cimbronazo. Pensemos sino en aquellos que creyeron que su negocio consistía en alquilar video-cassettes y no se vieron a sí mismos como proveedores de arte y entretenimiento tecnológico.
El segundo punto a considerar es a quién le vamos a ofrecer nuestro producto o servicio. Esto nos requiere no solo determinar nuestro público-objetivo, sino también averiguar más sobre ellos: estilo de vida, forma de circulación, medios por los que se informa, pertenencias, modos de relacionarse, impulsores de compra, etc.
Con este segundo punto, revisamos el primero: ¿tenemos todos los productos adecuados para ese público? ¿Invertimos en productos que no corresponden a ese perfil? Veamos también las condiciones normativas e impositivas del sector, así como proveedores frecuentes, disponibilidad, accesibilidad a los productos primarios. Evaluemos también proveedores alternativos y secundarios (para aquellas cosas que nos resultan necesarias para la gestión, pero que no son los productos en sí mismos).
El tercer punto, como los anteriores, nace de una pregunta: ¿quién más se relaciona con nuestro público objetivo? Esto es, analizar quién le vende qué a nuestro cliente-objetivo. Puede ser productos similares a los que le ofreceremos nosotros o productos diferentes. Allí también veremos cómo lo hace, con qué lenguaje, estilo, etc. Vamos a aprender de las experiencias de los otros.

Location, location y finalmente location.

Es una vieja premisa norteamericana: imprescindible lograr una locación adecuada. Si queremos llegar a nuestro público-objetivo, necesitamos estar por donde circula, en los lugares que frecuenta, en los horarios que habitúa salir. Muchos excelentes locales han fracasado en este punto. No siempre el lugar de compra es el más próximo a su domicilio ni es el que ofrece las mejores condiciones de alquiler. Por otro lado, hay locaciones que son buenas para una categoría, pero no lo son para otra. Hay que evaluar todas las condiciones ambientales, medios de transporte, si nuestro cliente-objetivo se mueve en auto, la existencia de lugares para estacionar cercanos. Otros aspectos a evaluar son la seguridad, la higiene del lugar, el tipo de comercios en la zona, etc.

Haciendo números

Sabemos qué le queremos vender, a quién y en dónde. Es hora de comenzar con el modelo de negocios: planilla con costos de instalación, inversiones necesarias para comenzar, ingresos y egresos estimados. De algún modo, esta planilla nació con la idea y va a ir creciendo con nosotros, nos acompañará durante toda nuestra vida como comerciantes. Nos ayudará a verificar el rumbo y tomar las decisiones necesarias para corregir a tiempo. La experiencia la enriquecerá y nos permitirá proyectar. En una primera instancia nos permitirá ser detallistas respecto de qué inversión necesito y en qué plazos para establecer si estoy en condiciones económicas y financieras para encarar el proyecto en este momento y establecer un ejercicio de repago teórico. Conviene ser cauto en este aspecto.

Hasta aquí llegamos con este repaso. Seguimos en la próxima.